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miércoles, 11 de noviembre de 2015

El gigante que se convirtió en montaña


Después de la muerte de la diosa Pyrene, la vida comenzó su renovación.
La primavera inundó la tierra de flores y aromas, los ríos retornaron a sus causes, los pájaros a sus cantos y los bosques crecieron de nuevo.
Pero no solo las criaturas regresaron a sus sitios, al ver tanta belleza renacida regresaron también... los gigantes!
Sí... regresaron y se adueñaron de toda la región de los Pirineos. 
Tiempo atrás habían sido finalmente vencidos por los nuevos dioses, obligados a esconderse, sin poder colocar más montaña sobre montaña ni manejar los grandes árboles que encendían para convertirlos en antorchas blandiéndolos amenazadores contra el cielo para provocar el pánico a los hombres y a los dioses. 
Muy pocos fueron los sobrevivientes, y entre ellos estaba uno llamado Netu que era el más perverso de todos ellos.  Era pastor y todo lo quería para su ganado y todo aquello que se cruzaba en su camino y no era de su agrado le hacía presa de la furia. Era muy cruel y en más de una ocasión, si se cruzaba con algún hombre se lo tragaba. Netu era altivo, siempre enfadado y para colmo disfrutaba con su maldad.
 Cuenta la leyenda que un día apareció en el valle un peregrino. Nadie sabía quién era ni de dónde venía, vivía casi de limosna o trabajando en lo que le pedían, con muy poco se conformaba.
Al atardecer y una vez que finalizaba su trabajo, cuando lo había, jugaba con los niños y les contaba preciosas historias. Enseguida se ganaba el afecto de todo el mundo, y cuando veía a todos en armonía se marchaba a otro lugar, era como si él fuera sembrando la paz.  Sabían que quería cruzar la montaña y quisieron disuadirlo pues tendría que pasar por los dominios de Netu,  él los tranquilizo diciéndoles  que él nunca se había peleado con nadie que no temieran, así que cogió su hatillo y marchó hacia el norte a cruzar el Pirineo.
 Hacía mucho calor y fue agotando las provisiones que le dieron en el pueblo pero continuo su camino. Sudoroso y casi agotado diviso a lo lejos un vallecito y  un rebaño, pensó  que  por lo menos allí habría agua  y podría ayudar a los pastores a cambio de un churrusco de pan. La marcha le resulto dura y fue al atardecer cuando alcanzó el valle.
 De súbito se encontró frente al gigante, era enorme, con barbas, sucio y con cara de pocos amigos. Sin ningún temor se acercó a pedirle agua, Netu altivo se la negó, diciéndole que el agua era para su rebaño, y que se fuera antes que se arrepintiera y le impidiera marchar.
El peregrino con voz tranquila le respondió:
 Veo que tienes el corazón duro como la piedra. Ojala que todo tú te conviertas en  piedra.
En el mismo instante que el peregrino pronunció estas palabras el gigante quedó petrificado y convertido en lo que hoy es: el pico  Aneto.






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