Cada día te cuento un cuento....

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¡Este es tu lugar!

domingo, 26 de mayo de 2013

Homenaje a la maravillosa ELSA BORNEMANN

Elsa se fue con el viento a contar cuentos a los pájaros, a las nubes y otras galaxias, pero nos dejo historias para que compartamos, acá les dejo algunas…

Acá un cuento…

Acá otro cuento… Este de Terror!!!

y uno más ahora para leer…

CUENTO: "CUANDO FALLAN LOS ESPEJOS! - De Elsa Bornemann.

Tío Gustavo me tiró de las trenzas y luego me hizo girar a su alrededor sosteniéndome de un brazo y de una pierna. Ese es el modo de demostrarme su cariño cuando pasamos varios días sin vernos. Como aquella tarde en que volví de mis vacaciones, por ejemplo.

-¡Nena! ¡Por fin de regreso! –me dijo contento-. Tengo un gran problema con mis dos espejos…Espero que me ayudes a solucionarlo…

Sin darme tiempo para deshacer mi equipaje, me condujo hasta su habitación.

-¿Qué le pasa a tus espejos, Tío?

-Están descompuestos…-aseguró preocupado-. Uno atrasa y el otro adelanta.

-¿Cómo los relojes?

-Justamente. Aunque ningún relojero ha podido repararlos…Ya verás…Mirémonos en ese…-y conmigo de su mano, mi tío caminó hasta que enfrentamos uno de los dos grandes espejos ubicados sobre las paredes de su cuarto.

-¡Este…es el que atrasa! –grité maravillada al descubrir la imagen de una bebita con chupete aferrada a la mano de un muchacho de pelo claro y abundante. ¡Mi tío Gustavo y yo reflejados tal cual éramos varios años antes!

-¿Y ese árbol florecido? –pregunté aún más sorprendida, señalando un macizo roble que se reflejaba a nuestras espaldas.

Mientras abría las ventanas para que las ramas pudieran estirarse cómodamente hacia la calle, mi tío me explicó:

-la mesa y las sillas, nena. Antes de ser muebles fueron ese árbol que ahora vemos en el espejo.

-… ¡Que atrasa! –alcancé a agregar antes de que dos ovejitas triscaran mimosas en torno a mí.

-¡Ah, no! ¿Y estas ovejas? –gimió mi tío.

Rápidamente ubiqué el lugar del que habían salido:

-¡La alfombra de lana! ¡La alfombra! –y durante un rato jugué con ellas.

De pronto, una gallina negra aterrizó sobre mi cabeza, cacareando inquieta.

-¡El plumero! –Exclamó mi tío desesperado-. ¡Voy a guardarlo! ¡Y la alfombra también! ¡Y la mesa! ¡Y las sillas! ¡Mi habitación se está convirtiendo en una granja! ¿Te das cuenta cuántas complicaciones me trae este espejo que atrasa?

Muy alterado, intentaba colocar la mesa dentro del ropero cuando yo tomé una sábana y cubrí el espejo cuidadosamente. En ese instante, mi tío respiró aliviado.

-No sé qué haría sin esta sobrina tan inteligente… -y llevándome a babuchas, abandonó su habitación hasta el día siguiente.

¡No podía soportar esa tarde la emoción de reflejarse también en el otro espejo descompuesto! Pero yo sí. Por eso, no bien se dispuso a dormir su siesta en la reposera del jardín, volví de puntillas a su habitación. ¡Tenía tanta curiosidad por mirarme en el espejo que adelantaba!

Y bien. Me miré. ¡Qué susto! ¡Yo era una viejecita, de pie en medio de una plaza! ¡Vaya si adelantaba ese espejo!

Salí corriendo del cuarto y –casi sin aliento- me arrojé en los brazos de mi tío. Se despertó sobresaltado.

-¡Tío! ¡Tío! ¡Debes mudarte! ¡En…en el sitio que ocupa esta casa van…van a construir una plaza! ¡Y yo…yo soy muy viejita...y llevo rodete…y…!

-Eres apenas una niña así de alta… -dijo él, rozando el aire con su mano izquierda-. Y una niña desobediente además, que fue a mirarse en el espejo que adelanta aprovechando mi sueño…salgamos a dar una vuelta…

Al día siguiente, cuando entré a su habitación, ansiosa por reflejarme nuevamente en sus averiados espejos, los encontré totalmente compuestos. ¡En cada uno de ellos podía verme tal cual soy!

-Ese ya no atrasa… y aquel no adelanta más –comentó mi tío-. Anoche descubrí la causa de las fallas y los arreglé yo mismo.

-¿Cómo? ¿Cómo?

-Al que atrasaba le di cuerda.

-¿Y al que adelantaba cómo lo reparaste?

-Ah…Es un secreto, nena –y guiñándome un ojo, se dirigió conmigo hacia el comedor para tomar el desayuno.

ELSA BORNEMANN (1952)

Escritora argentina nacida en Capital Federal. Publicó muchos libros para chicos de diversas edades y recibió numerosos premios

Siga contando en los vientos Maestra!!!

sábado, 18 de mayo de 2013

Syria Poletti: Cartas para un adolescente

Querido Ariel:

Me preguntás cómo nace la vocación de ser escritor y ¡es tan imposible de definir en una sola respuesta! Desde lo anecdótico, la clave se encuentra en la propia historia, única e irrepetible. También puedo afirmar que hay un momento en la vida de todo escritor en el que descubre la magia de la palabra.

De pronto la vida se corta por un fogonazo, y de ahí en más es "antes" y "después" de se instante en el que te llegó la verdad: el valor de la palabra para comunicar.

Un día, cuando yo era chica, cruzaba un caminito de campo, al borde de un arroyo, una mujer joven, arrodillada sobre una tabla de lavar ropa, semihundida en las aguas, me vio y me llamó. Yo me acerqué y ella vino hacia mía con las manos chorreantes, con una expresión entre desconfiada y esperanzada a la vez. Y me preguntó:

-¿Es cierto que vos sabés leer?

-Sí, es cierto-contesté.

-¿No me decís una mentira? Mirá que si me mentís, te pego.

-Pégueme, pero yo sé leer.

En ese entonces, yo creía que sabía leer todo lo que estaba escrito.

La mujer sacó del bolsillo del delantal una carta, húmeda y arrugada y, tendiéndomela, me dijo:

-Leémela… Pero sin mentiras.

Leí: "Querida Juana: si es verdad que vas a tener un hijo nuestro, como me enteré, yo volveré a tu pueblo y me casaré contigo. Eriberto."

-¿Eso dice? ¿Eso?- preguntó la mujer anhelante, incrédula.

-Eso dice: "Me casaré contigo. Eriberto."

-¿Y firma Eriberto? ¿Eriberto?

-Firma Eriberto. Mire la "E".

La mujer se puso a llorar y me besó las manos con unción. Yo me sentí muy avergonzada. Retiré las manos, molesta, y le dije:

-¿Por qué me besa las manos?

Y ella me contestó:

-Porque no puedo besárselas a quien te enseñó a leer.

Y ahora no sé si eso pasó ayer, esta mañana o hace cien años; pero sé que pasa todos los días. Espero que entiendas.

Syria


(Carta de la escritora Syria Poletti,del libro inédito Cartas para una adolescente)

martes, 14 de mayo de 2013

Las Vocales Presumidas

Un cuento de Pedro Labella Martínez

Cuando yo era pequeño, solía hacer prácticas en mi cuaderno de caligrafía. Letra a letra y renglón a renglón, terminaba una plana o carilla y, sin descanso posible, comenzaba otra, y otra, y otra...

En una de estas ocasiones acabé una línea con las vocales y, cuando me disponía a escribir la segunda, sucedió algo que me dejó asombrado: las letras comenzaron a moverse y, una a una, fueron saltando del cuaderno a la mesa y correteaban sobre ella como una panda de niños sobre verde césped.

La primera en saltar era gordita y tenía un gracioso rabillo que arrastraba por la superficie de la mesa: era la "a".

La segunda caminaba encorvada, como si su enorme cabeza pesara tanto, que su delicada espalda no pudiera con ella: fue la "e".

Saltó la tercera. Elegante, delgada y con una cabecita que, sin tenerla pegada al cuerpo, la seguía a todas partes: se llamaba "i".

La cuarta era redondita, rechoncha y sin rabillo. Rodaba sobre sí y saltaba con dificultad por razón de su peso: era la "o".

Por fin saltó la última, con su pancita colgando, caminaba a saltitos sobre su rabo curvado: fue la "u".

Como una riada corrían y gritaban entre piruetas, zancadillas y empujones; felices y libres, lejos de las rígidas líneas de los renglones, que las aprisionaban desde el principio de sus vidas. Con traviesa algarabía se reían y burlaban unas de otras y todas eran tan diferentes, que formaban un grupo muy pintoresco.

-Mirad, amigas, -decía la "a"- mirad ésta que se las da de letra de "postín", ¡mirad la "i"! ¿Habéis visto letra más finita y despistada, que ni la cabeza la tiene asentada?.

Todas rieron la gracia, menos la "i", que enfadada le respondió a la "a":

-Ríe, ríe cuanto quieras, que si de presumir se trata, muy entradita en carnes estás para ir a la "moda lineal". Eres gordita y tu rabillo, que arrastras, siempre sucio está.

-Pues mira, no me quejo, -replicó ufana la "a"- que a carnes hay quien me gana y a sucia... ¡no te digo más!.

-¡Oye, tú; conmigo no te metas! -exclamó airada la "o" al verse señalada- que yo de gorda no tengo nada y de sucia menos. Me lavo por la mañana y cuando me acuesto. Lo que pasa es que la envidia no te deja ver, que soy hermosa y no gorda... ¡como la cabeza de la "e"!.

Conforme la discusión avanzaba, más confuso se hacía el griterío y mientras unas hacían muecas, otras aplaudían y, todas, participaban de aquel "juego" tan divertido.

-¡Ya salió mi cabeza!... -protestó resignada la "e"- ¡sí!, la tengo gorda, ¿y qué?, por algo soy la que más y mejor piensa y sé que cada una tiene su hechura que nos diferencia y da personalidad. Yo así quiero ser, ya que sería muy extraño que siendo de otra forma... me llamaran "e".

Todas rieron con renovadas ganas y comenzaron a imitarse unas a otras con gestos tan exagerados, que resultaban verdaderamente cómicos. Parecían duendecillos fantásticos, a los que siempre tendría conmigo: me bastaría con escribir un nuevo renglón en mi cuaderno...

-Razón tienes, amiga "e", -oí decir a la "i"- ¿acaso me llamarían "i" si tuviese la panza de la "u", en vez de esta cabecita descolgada, aunque alguna vez me la olvide sobre la almohada?. Pero así y todo, yo no veo una letra de mi elegancia y de tener cabeza la prefiero pequeña, pues, aunque así la tengo... ¡también pienso!.

-Tú, algo pensarás, -habló la "u" con tono cansado- pero entiendes poco. ¿Acaso crees que la "e" habla de nuestra personalidad, para que pensemos cada una de nosotras que somos mejores que las demás?... ¡qué presumida y vanidosa! Lo importante no es tu delgadez, mi panza, o... la cabeza de la "e"; lo que importa es lo que somos y el servicio que hacemos, y ninguna sin consonante valemos mucho, ni somos feas o bonitas,... ¿te enteras de una vez?.

De repente, cuando la "i" se disponía a replicar, fastidiada por tan dura reprimenda, una ráfaga de viento hizo volar las letras de sobre mi mesa y, por más que busqué, no las volví a ver. Pero aquel hecho fantástico, sueño o realidad, me hizo comprender que cada cual es... como es. Y que si la naturaleza nos hizo tan distintos e irrepetibles, somos todos, al menos, dignos de respeto.