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martes, 22 de mayo de 2012

Princesa maya

 - Yael Sofer

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En un país lejano, vivían un rey y una reina. Ellos tenían una hija única, la princesa Maya, muy bonita, de ojos azules y pelo rojo. Todos los ciudadanos del reino amaban a Maya por su buen carácter.

De repente, ocurrió un mal. Maya se puso triste, sus risas se escucharon con menos frecuencia y, al final, ella no salió más de su habitación.

El médico real le prescribió diferentes hierbas contra la enfermedad pero eso no ayudó. Maya se acostaba en su cama, no hablaba con nadie y, muy seguido, se podían ver lágrimas en sus ojos.

El rey y la reina se asustaron muchísimo y enviaron a buscar a los mejores médicos de todo el reino. Los médicos examinaron a la princesa, discutieron largamente y declararon que se trataba de una enfermedad desconocida. Físicamente la princesa estaba sana pero, ellos no sabían cómo devolverle su buen estado de ánimo. Los médicos se fueron a sus casas y con esto, El rey y la reina se desanimaron aún más.

Mientras tanto, la noticia sobre la enfermedad de la princesa circuló en todo el reino. Todos los ciudadanos estaban preocupados por ella.

En este país vivía un mago que curaba incluso las enfermedades mortales. Todas las personas empezaron a pedirle que fuera al palacio y examinara a la princesa.

El mago llegó al palacio, tomó la mano de la princesa, examinó el pulso y dijo:

— La princesa perdió las emociones y la felicidad. La tristeza la ha embargado.

— ¿Y qué podemos hacer? - exclamaron con desesperación el rey y la reina.

— La música va a salvar a la princesa, - concluyó en mago y luego se fue.

Inmediatamente, enviaron a buscar los mejores músicos del reino. Ellos llegaron pronto al palacio y esperaron en la puerta de la habitación de Maya.

Primero entró el violinista con su violín. Él declaró orgullosamente: "El violín es el más noble de los instrumentos musicales". Él tocó las cuerdas con el arco, se distribuyó un sonido tierno. El violín lloraba, subía, se reía con entusiasmo. La música fluía, pero Maya permanecía en su cama. El rey dijo tristemente: "No resultó". El violinista salió triste.

Segundo entró a la habitación el flautista y dijo: "Voy a curar a Maya".

La melodía de la flauta es pura como el aire montañoso, y a cualquiera puede despertar a la vida.

Él comenzó a tocar la flauta. La melodía salió por la ventana y llegó hacia el patio. Todos se detuvieron para escuchar los sonidos mágicos. Pero la princesa ni se movió. "La flauta no conviene" dijo la reina. El flautista salió apenado.

Las puertas se abrieron ampliamente y cuatro sirvientes dejaron un piano en la habitación. El pianista entró y dijo: "Devolveré la vida a la princesa porque los sonidos del piano son los más apasionados e inspiradores". Él comenzó a tocar. La música mágica fascinó a todo el palacio pero la princesa se cubrió la cara con las manos. El pianista salió derrotado.

Los sirvientes se prepararon para sacar el piano pero de repente entró a la habitación un joven con una pequeña varita de madera en las manos.

— ¡Esperen! -exclamó él.

— ¿Quién eres? preguntó el rey sorprendido, ¡no veo ningún instrumento musical contigo!

— Soy director de orquesta, su majestad, - respondió el joven, - yo conozco la melodía que sanará a su hija.

Pero primero ordene que todos los músicos regresen.

El rey, que ya había perdido toda esperanza, ordenó llamar al violinista, al flautista y al pianista. Todos se juntaron en la habitación de la princesa. El joven dijo algo a los músicos. Ellos se agruparon alrededor del piano y él agitó la varita...

De repente, una melodía hermosa y perfecta comenzó a sonar en el palacio, escapó al cielo y voló sobre la tierra, llenando los corazones con sonidos mágicos y maravillosos. Una alegría extraordinaria alcanzó a todos. La gente se sintió feliz y con ganas de tomarse las manos. Incluso el rey y la reina olvidaron de todo por un instante.

De repente, todos escucharon la risa de Maya que giraba en el baile por toda la habitación. La princesa se recuperó, su tristeza se fue para siempre.

Ella se enamoró del joven director de orquesta, y se festejó una boda. Todos los ciudadanos del reino participaron en la fiesta. Los músicos tocaron la música milagrosa, y todos se alegraron y se rieron.

Durante la fiesta, el rey preguntó al novio:

— ¿Qué dijiste a los músicos antes que ustedes comenzaran a tocar la música? ¿Qué sanó a mi hija?

— El joven sonrió y respondió:

— Les dije que no importan los instrumentos musicales, sino la unidad de los corazones. Les pedí que unieran su amor por la música, su talento y su deseo de ayudar a la princesa. Solamente juntos nos hacemos más fuertes y podemos crear milagros.

 

1 comentario:

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