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miércoles, 30 de mayo de 2012

EL TONTO TILANO

Cuento tradicional Gitano

vara magica

 

 

 

Os voy a contar un cuento que me contaba mi mama, de pequeño. A ella se lo contaba mi abuela y mi abuela seguramente mi bisabuela. Así era más o menos:

 

Hace mucho tiempo vivía una gitana en un reino, esta gitana tenía un nieto al que crió que se llamaba Tilano, el pobretico no tenía sus cinco sentidos. Un día Tilano le dijo a su abuela:

—Mama, me voy a pescar.

—Vale hijo— le dijo la anciana— tráete un puñao de leña, de paso.

Pues cogió su burro del ramal y se fue al río. Cuando llego se puso a pescar, y al rato de no pescar nada pico un pez. El pez hacia mucha fuerza pero el Tilano tiró y tiró hasta que sacó el pez. Cuando lo sacó, para la sorpresa suya el pez empezó a hablar de esta manera:

—No me cojas, suéltame

A lo que Tilano contestó:

—No, que te voy a cenar esta noche, que no tenemos na pa comer yo y mi abuelica.

—Por favor suéltame, a cambio te daré una varica de la virtu, que le puedes pedir lo que quieras.

—Humm, no sé, no sé — vacilo el tonto Tilano.

El pez abrió la boca y nuestro amigo cogió una pequeña y extraña vara que el pez llevaba en el interior de su boca.

—Esta vara tiene poderes solo tienes que decir ``varica de la virtud, por la gracia que tienes y la que Dios te ha dao dame...´´ pues lo que quieras, y te lo dará. Pruébala.

Y cogiendo la varica de la virtu dijo Tilano:

—Varica de la virtud, por la gracia que tienes y la que Dios te ha dao que se suba la leña encina de burro, encima un pino y encima yo.

Y así fue hecho, y de esta manera se fue el tonto a su casa, pasando por en medio del pueblo a lo que la gente, se quedaba sorprendida y de decían:

—¡ Mira el tonto Tilano!, ¿a dónde va así?

Y se burlaban y se reían del tonto. Hasta la guapa hija del rey, salió al balcón del palacio y se reía de él. Esto le dio mucho coraje al tonto Tilano y le echó una maldición con la ayuda de la varica:

—Varica de la virtud, por la gracia que tienes y la que Dios te ha dao que se vea cambri de mangui (embarazada de mí).

Y pasó el tiempo y el tonto Tilano como no tenía sus cinco sentios no sabía como aprovechar el poder de la varica de la virtu.

Un día, a los nueve meses más o menos, apareció un pregonero por donde vivía Tilano con un mensaje del rey, iba diciendo el siguiente pregón:

—Se hace saber que habiendo dado a luz la princesa un hermoso hijo, se ruega a todos los varones mozos del reino que pasen por el palacio, para ver quién es el padre, el que sea el padre se casara con la princesa.

Tilano le dijo a su abuela:

—Mama, me voy a ver a mi chaborrillo (pequeño hijo).

—Calla, hijo mío, que está loco pasao ¡ Qué cosas tienes, hijo ¡ ¿cómo va a ser ese tu hijo?

Tilano no dijo nada y se marchó al palacio del rey.

II

Pues se fue Tilano al palacio y se puso en la fila donde estaban los mozos que decían ser los padres del niño, casi todos hijos de condes, de marqueses, de reyes. Pero el niño no se iba con ninguno de ellos. Cuando llego el turno del tonto Tilano abrió los brazos y le dijo:

—Vente con tu pare, hijo mío.

Y el niño se fue con el muy contento, a lo que todos se quedaron boquiabiertos. El rey monto en cólera

— ¡Ay Dios mío! Con un gitano y encima tonto, ¡quedas desterrada y desheredada!— le gritó a su hija.

Los soldados cogieron a la princesa, al tonto y al hijo de ambos, los pusieron en una barca y los echaron al mar.

La princesa no paraba de llorar

— ¡Qué va ser de mí!— decía llorando una y otra vez.

—No llores—le dijo Tilano— si conmigo vas a estar muy a gusto, mira lo que tengo. Al decir estas palabras sacó la varica la virtú.

—¿Y eso qué es? Eres un gitano tonto.

—Esto— le contestó— es una vara de virtú— le puedes pedir lo que quieras, mira: varica de la virtud, por la gracia que tienes y la que Dios te ha dao ponme un plato de arroz y habichuelas con hinojos y balichó muyao.

Y apareció el plato de arroz.

La princesa se sorprendió y le dijo:

—Esa comida a mi no me gusta pero vas a hacer una cosa: dile que te dé tus cinco sentidos y que nos devuelva a mi reino, que nos dé ropas nuevas y una comida mejor.

Tilano le pidió estos deseos a la varica y así fue hecho, recobró sus cinco sentidos y le pidió algo más: un palacio al lado del de su suegro.

III

Cuando despertó el rey aquel día, descubrió sorprendido que había aparecido junto al suyo un palacio aun más grande y lujoso, con unos bellos jardines en los que crecían árboles que daban manzanas de oro y naranjas de oro.

Esa misma mañana los sirvientes de Tilano llamaron a la puerta del rey, le llevaban una invitación para invitarle a cenar. El rey no lo pensó dos veces, estaba deseando conocer a su ilustre vecino.

Cuando entró al palacio el rey quedo deslumbrado ante tanta belleza, quizás por eso y por el cambio que había sufrido Tilano, no le reconoció. El rey estaba muy contento por tener un súbdito tan rico.

Al día siguiente Tilano se dirigió al rey:

—Majestad, me ha sucedido algo terrible, me han robado una manzana de oro y una naranja de oro de mi huerto.

— ¿Cómo?— dijo el rey enfurecido— ahora mismo mandaré a mis soldados a registrar todo el reino hasta que aparezca el ladrón.

Los soldados buscaron por todo el reino, registraron hasta el último rincón y no aparecía. Entonces Tilano pidió a la vara de la virtud.

—Varica la virtú por la gracia que tienes y la que Dios te ha dao que aparezcan las frutas de oro en los calzoncillos de mi suegro el rey.

De esta manera no quedaba más que buscar en el palacio real, acudió allí Tilano y dijo a los soldados:

—Registrad al rey.

Le quitaron la ropa al rey y aparecieron la manzana y la naranja de oro. El rey estaba sofocado, avergonzado delante de sus súbditos, no tenia palabras.

—Yo...es que...

Entonces Tilano le dijo estas palabras:

— ¿Tu te acuerdas del tonto Tilano? Al que humillaste desterrándolo con tu hija, pues ese soy yo. Le diste en aquella ocasión más importancia a tu posición social que a tu hija y tu nieto, abandonándonos en medio del mar. Ahora sabrás lo que es la vergüenza y el desprecio.

A partir de entonces el rey aprendió a no juzgar a las personas por lo que son sino por cómo son. Aprendió que todos somos iguales y nos merecemos el respeto de los demás, sin importar la raza o las diferencias de cada cual.

Tilano fue feliz con su mujer y su hijo y nunca le faltó nada con la vara de la virtud. También recogió a su abuela y se la llevo a vivir al palacio y nunca se olvidó del pueblo gitano a los que siempre defendió.

Colorín colorado este cuento se ha acabado.

FIN

Cuento tradicional de la familia Rodríguez, recogido y adaptado por Miguel Fernández Rodríguez.

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