Cada día te cuento un cuento....

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¡Este es tu lugar!

jueves, 20 de octubre de 2011

EL ORIGEN DEL PUERCOESPÍN

Antes... ¡Hace mucho, mucho tiempo, antes del tiempo!. Cuentan que en una región de montes, vivían entre otros pueblos el pueblo de los Puer.
Era este un pueblo agresivo, que siempre andaba molestando a sus pacíficos vecinos. Si algún Puer, veía a un mono jugando o saltando de rama en rama, ahí iba el Puer a sacudirle la rama para que se cayera. Si un distraído pájaro se posaba cerca de un Puer, este de inmediato lo atrapaba divirtiéndose en arrancarle las plumas.
Los Puer entre todas las cosas de la que más disfrutaban era de su gran agilidad. Podían correr más aprisa que las liebres a las que perseguían hasta sujetarlas por las orejas. Podían saltar y trepar con más habilidad que las ardillas, a las que atrapaban sujetando por las colas y gozaban haciéndolas girar. Podían bajar rodando por las laderas de los montes y aparecer de improviso en cualquier sitio. ¡Nada ni nadie podía detenerlos!
Cansados de ser todo el tiempo molestados, los vecinos se unieron para buscarle una solución al problema. Después de dar vueltas y vueltas al asunto y al ver sus reuniones interrumpidas una y otra vez por los fastidiosos Puer, que les lastimaban tirándoles espinas de cactus con sus cerbatanas, decidieron enviar tres mensajeros a casa de las Señora de las Formas.
La Señora de las Formas era una viejísima señora, que según se decía vivía en el centro de la tierra desde los comienzos del mundo. Allá fueron en su busca, los tres mensajeros: una niña, un mono y una lechuza. Cuándo luego de mucho andar finalmente hallaron a la Señora de las Formas, le dijeron entre súplicas y ruegos
—Gran Señora, ¡los Puer molestan a los animales y a nosotros por igual!— dijo la niña
—Hieren, lastiman y a nadie dejan vivir en paz— agregó el mono
—Todos huimos al verlos, ya nadie quiere encontrarse con ellos — agregó la lechuza.
Muy atenta los escuchó y largo tiempo guardó silencio. Cuando los mensajeros viendo que nada decía, comenzaban a despedirse, ella sonrió y se transformó en una hermosa mariposa, al tiempo que decía:
—Vayamos y veamos.
Así disfrazada regresó con los mensajeros. Cuándo estaban llegando un grupo de Puer les salió al encuentro.
—Aquí están nuestros queridos mensajeros— exclamaron rodeándolos.
—¡Oh, que pena!. ¿Las Señora de las Formas no ha querido recibirlos?— se burló uno tirando de la cola del mono
—Seguramente no la han visto, se han fatigado antes de llegar.
—¡Mirad, Mirad quien les ha escuchado! — rió un tercero sujetando de un salto a la mariposa que en vano intentó escapar.
Ignorando los gritos y las súplicas de los mensajeros, los Puer quisieron mirar a la mariposa, tironeando de sus alas peleando cada uno por quedársela. De tanto tirar desprendieron las alas del cuerpo y en ese preciso momento una nube oscura se elevó ante ellos.
Tan fuerte fue el sonido con que la Señora furiosa los maldijo, que todas las hojas de los árboles temblaron en las ramas.
—¡Todo lo lastimáis, todo lo destrozáis, desde ahora y para siempre llevaréis en las espaldas las afiladas espinas de vuestro cruel corazón!. La nube, tan repentinamente como había surgido, desapareció.
Los mensajeros aterrados huyeron.
 Los Puer, después de un rato al ver que nada sucedía, rieron nerviosos y regresaron contentos saltando y gritando a sus casas.
Al día siguiente en la aldea más cercana al poblado de los Puer, los habitantes oyeron gritar a un niño.
—¡Vengan!. ¡Vengan!. ¡Miren que extraños animales!
Todos corrieron curiosos a ver lo que el niño señalaba.
Delante de ellos estaban reunidas unas extrañísimas criaturas de patas cortas y espaldas cubiertas de afiladas púas.
—¿Qué son?. ¿Quiénes son?— preguntaron asombrados los aldeanos
—¿No nos reconocen?. ¡Somos los Puer! — gimieron acongojados los animalitos.
—¿Un Puer con púas y patas cortas? ¡Embusteros!. Conocemos bien a los Puer y nos son como ustedes.
—¡Lo somos! ¡Somos nosotros!. ¡Somos los Puer maldecidos con estas espinas! — sollozaron
—¡Eso es!. ¡Eso es!— rió la lechuza sabia revoloteando sobre las feas criaturas — Han recibido por fin merecido castigo. Ya no son más Puer, Puercoespín desde hoy los llamaremos.
Todos comprendieron al oír a la lechuza, incluso los Puer condenados ahora a cargar con las señales de sus pasadas acciones, quienes desde entonces y hasta hoy han de avanzar con cautela para no quedar atrapados a causa de sus espinas y es por ellas que nadie se les acerca. Ni siquiera los cazadores les cazan pues afirman que su carne es muy amarga.
Esta es una de las historias que cuentan sobre el origen del puercoespín
©Ana Cuevas Unamuno

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cuento Historia de la momia desatada

Un cuento de Ema Wolf (Argentina)

dibujo_momia

 

 

Hay una hora de la noche en que están despiertos los poderes del mal.

A esa hora, los martes, los monstruos se reúnen para hablar de sus cosas. Al final, alguno de ellos cuenta una historia de hombres.

El martes pasado le tocó a Lucy Mortaja, una monstrua cursi, loca por las historias de pasión.

Lucy, lánguidamente acodada sobre un gato negro, que no era sino el demonio disfrazado, se puso a contar la historia. La adornó con ademanes, suspiros, gestos de actriz berreta y comentarios inútiles.

Los monstruos la escucharon embobados, sin perder detalle.

Yo- si me permiten los lectores- voy a resumir la historia. No soporto la manera relamida como Lucy la cuenta.

Lo que pasó fue sencillamente ésto:

Resulta que una momia se enamoró de un hombre enyesado.

¡Deliraba por él!

El pobre había sufrido diecinueve fracturas en un accidente de moto-cross y no le quedaba un centímetro de piel sin vendar. Apenas se le veían los ojos y era lo único que podía mover. Cuando la Momia lo vio se chifló sin remedio porque nunca había encontrado a alguien que se le pareciese tanto en cuerpo y en espíritu.

A esas horas de la noche en que están despiertos los poderes del mal, la Momia lo visitaba en su lecho del hospital.

Por la forma en que abría los ojos cuando ella se le acercaba, estaba convencida de que él la amaba también.

-¡Héroe mío!- le susurraba, envolviéndolo en su fragancia a bóveda.

Al fin decidió raptarlo.

El único problema era la caba enfermera, que había hecho la vista gorda a las visitas de la Momia, pero no iba a permitir que se llevaran un paciente.

La Momia estudió cuidadosamente el edificio. En su cabeza trazó un itinerario prolijo para llegar hasta su amor sin pasar por la sala de guardia ni por el pabellón de cardíacos, donde siempre se topaba con la enfermera caba.

Le contó al enyesado sus planes

-Mañana vendré por ti, amor mío.

El hombre abrió los ojos más que nunca.

A la noche siguiente, a la hora en que están despiertos los poderes del mal. La Momia se puso en marcha para raptar a su hombre de yeso.

Para no perderse y encontrar rápidamente el camino de vuelta, decidió trazarlo con su propia venda, como hicieron Hansel y Gretel con las migas de pan. Así que ató una punta a la manija del sarcófago y allá fue.

Sorteó mil peligros, gambeteó a todos los enfermeros, trepó por las canaletas de desagüe y se coló por las banderolas de los baños.

Nadie la vio llegar.

Pero cuando se acercó a la cama de su momio e iba a extender los brazos para agarrarlo, ya estaba completamente desvendada.

Y una momia que se desata se convierte en apenas un montoncito de polvo antiguo.

¡Tristísima historia! ¡De dos que se amaban y no pudo ser!

Pero no es mía la historia, sino de Lucy Mortaja.

Los monstruos, que son flojos de lágrimas lloraron al oír el final. Pero más que nada porque se la escucharon contar a Lucy, que la hizo larguísima y siempre dice cosas a propósito para que todos lloren.

domingo, 9 de octubre de 2011

La ninfa Luna y Tritón

Una leyenda Griega

Sucedió hace mucho, mucho tiempo, en lo que hoy es la isla de Rodas, bañada por el mar Egeo. Aquella era la morada de la ninfa Luna, bella y dulce, musa de poetas y artistas, habitante de un pueblo en el que todos la admiraban sin saber que les quedaba poco tiempo para disfrutar de su compañía.

Un día pasó por allí Tritón, rey de las aguas. Sus ojos eran de un azul intenso, como el mar que dominaba, su pelo negro, rizos que se enroscaban recordando los que se forman en la espuma del mar. Y quiso el destino, la historia o quién sabe, que sus ojos repararan en Luna, la ninfa de palidez destacada y rasgos limpios, suaves, quedando cegado por su belleza como tantos otros en el pasado habían quedado. Sin embargo, mientras otros enamorados habían aprovechado la fuerza con que Luna les había impactado para crear canciones, cuadros, historias, para extender su pasión a otros... Tritón no sabía quererla así. Pensaba en ella día y noche, la añoraba, la espiaba cuando era posible, imaginaba su voz, el sabor de sus besos, y todo él se volvía ira cuando pensaba que otros también disfrutaban mirándola y pensando en ella.

Un día, convencido de que sólo hacía falta que ella le conociera para que quedase prendada de él, se acercó... Pero pocas veces las cosas son tal como las imaginamos, y cuando llegó hasta ella alguien lo había hecho antes, robando el corazón de su bella ninfa Luna. Su nombre era Helios, dios del sol, aquel que iluminaba el mundo... y sumía el corazón de Tritón en la más profunda de las tinieblas. Sus esperanzas, desvanecidas, sus sueños, perdidos, sus deseos, burlados. La ira empezó a crecer en su interior, los celos le atormentaron en noches oscuras y la locura se fue haciendo un espacio en su mente cada vez mayor. Llegó un punto en que la tortura que sufría cada noche se le hizo insoportable, y la cordura fue reducida a un pequeño rincón, casi olvidada. Y una de esas noches de rabia y dolor enloquecidos, Tritón se dirigió hacia la morada de su amada Luna y empuñando una espada la mató de un certero golpe.

Con él se apagó la rabia, y se vio Tritón ante el cuerpo muerto de su sueño. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que había hecho, y de cómo al darle muerte a ella se había matado a sí mismo... pues cuando no quedan sueños, no queda vida, y Luna se había convertido en su único sueño. Asqueado de sí mismo, se retiró de nuevo a las aguas, su antiguo dominio, y nunca más se aventuró en el territorio de los demás seres.

El alma de Luna, a su muerte, subió a los cielos (tal vez fueron los dioses que quisieron situarla en lo alto, a la mayor distancia posible del mar en el que Tritón se había refugiado), y una forma redonda apareció en la noche, pálida como había sido ella en vida. Su reflejo caería muchas veces sobre el mar, para que Tritón no olvidara el resultado de su ira descontrolada, viendo cada noche el rostro inerte de su amada en el espejo de las aguas. Y Tritón, según fue pasando tiempo y tiempo en las aguas, sin salir, fue siendo parte de ellas, hasta que al día de hoy se cree que son ya la misma cosa... y que cuando las olas rugen furiosas y chocan contra los acantilados una y otra vez, no es otra cosa que su furia al recordar eternamente que mató a su amada Luna, incapaz de perdonarse.

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miércoles, 5 de octubre de 2011

EL BURRO APRENDE A LEER.

Cuento tradicional Musulmán

Este es uno de los muchos cuentos de Hodja.

Uno de los grandes conquistadores de la historia, Tamerlán, recibió como regalo de cumpleaños un burro. El regalo le hizo mucha gracia y se lo fue mostrando a la gente. Yoha, que estaba presente entre los invitados, se dirigió a Tamerlán y le dijo que ese burro tenía pinta de ser un animal muy inteligente, que hasta podría aprender a leer.

-Si consigues enseñarle a leer -dijo Tamerlán entre carcajadas-, te colmaré de oro y riquezas, pero si fracasas te castigaré.

-Dame tres meses y cien dinares por adelantado y te lo demostraré -contestó Yoda.

Tamerlán aceptó y Yoha volvió con el burro a su casa.

Después de los tres meses, Yoha regresó a la corte de Tarmelán arrastrado al animal hasta una mesa donde colocó un gran libro.

El burro enseguida comenzó a mirar las páginas con mucha atención, volviéndolas con la lengua, mirando a Yoha y rebuznando cada vez que pasaba una, lo cual despertó la admiración de todos los presentes.

Tarmelán, sorprendido, ofreció a Yoha un cofre lleno de monedas de oro y joyas, y le preguntó:

-¿Cómo has podido lograr que el burro aprenda a leer?

Yoha contestó:

-Pues con el dinero compré cien pieles de ciervo, las encuaderné en forma de libro, coloqué granos de cebada entre las páginas y comencé a pasar las páginas mientras el burro se comía los granos. así, poco a poco, el animal empezó a dar vueltas a las páginas él mismo. Cuando controló bien la técnica dejé de ponerle cebada entre algunas de las hojas, pero el animal seguía buscando una a una. Ahora que he dejado de poner cebada, el burro busca en vano y rebuzna de hambre para despertar mi compasión. De esta manera he superado tu prueba.

Nasr Eddin Hodja es un personaje mítico de la cultura musulmana. algunos historiadores sostiene que vivió en Turquía, entre los años 1202 y 1284. Otros, menos precisos pero sin duda más imaginativos, lo vinculan con la corte de Harún-ar.raschid, el célebre califa de la dinastía abbasí.

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martes, 4 de octubre de 2011

Violeta Parra para los chicos

 

by Alejandra Moglia

Hoy se cumplen 94 años del nacimiento de Violeta Parra. Para acercar a los chicos a la profundidad de su obra, de su genial talento, de su inmensa sensibilidad y compromiso, el sitio Chile para Niños -que tiene por objetivo la difusión del patrimonio natural y cultural chileno ofrece una sección titulada "Violeta Parra".

En ese espacio los chicos encontrarán información sobre su obra musical y poética, sus creaciones como artista plástica, su legado.

El sitio es interactivo de forma que los chicos pueden recorrerlo a su gusto, encontrando además fotos y juegos que ayudan a conocer más la vida y la obra de Violeta.

La información se complementa con un diccionario de términos folklóricos populares en el apartado Literatura que ofrece el acceso a algunos de sus poemas y canciones, como también a poemas que otros poetas le han dedicado.

 

LA LETRA DE LA CANCIÓN

Qué tanto será

Me fui gateando por una nube,
por una nube color café.
Como las nubes se mueven solas,
llegué a la Isla de Chiloé.

Me gusta en la vida, florido el rosal,
sus bellas espinas no me han de clavar,
y si una me clava, ¿qué tanto será?

Pasé por Lota de amanecida
con los primeros rayos del sol.
Miré p’abajo, diviso Penco,
que relumbraba como un crisol.

Vaya paseo, señores míos,
el que en mi nube me regalé.
Seguí camino, diviso un piño,
desde mi nube lo saludé.

Vuela que vuela en mi dulce nube,
de repentito se me taimó,
sacó un taladro con muchas puntas,
y to’a entera se perforó.

Me faltó tino pa’ equilibrarme
cuando mi nube empezó a llover.
Me agarré firme de los hilitos,
y como gata me descolgué.

Caí en la copa de una patagua,
por su ramaje me deslicé.
Salté en un charco de agüita clara,
y con el fresco me desperté.

Violeta Parra, 1966

La animación de esta canción ha sido hecha por Vivienne Barry y forma parte del conjunto de 13 canciones populares adaptadas para niños llamado Cantamonitos.

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